sábado, 8 de marzo de 2014

Un Día de la Mujer y 364 Días del Hombre


A la espera de mi contribución personal a este día, os dejo este artículo. Una de las aportaciones más clarividentes que he leído a la causa de la igualdad entre sexos, el que mejor analiza la peligrosa situación actual, poniendo de verdad cada cosa en su sitio con una visión de conjunto irreprochable.

DESMONTANDO EL RELATO NEOLIBERAL DESDE UNA PERSPECTIVA FEMINISTA
El impacto que tiene hoy “la Gran Involución” –la contrarreforma social puesta en marcha desde las élites económicas a escala global, a raíz de la presente crisis– está suponiendo una reestructuración del orden político y económico que recorre nuestra sociedad; afecta a las condiciones materiales y a los derechos de las personas. Probablemente, aún no acertemos a ver en toda su magnitud el alcance del proceso hegemónico del neoliberalismo, iniciado en los años setenta del siglo XX en Occidente. Su desarrollo e impacto tienen una raíz indudablemente económica, pero no es la dimensión económica su única manifestación. Dicho proceso ha ido acompañado de un “sentido común” propio de nuestro tiempo, que ha recorrido nuestras sociedades e impregnado nuestra concepción del mundo, ha marginado y sustituido otras interpretaciones y ha legitimado, en cierto sentido, dicha reestructuración, interpelando y construyendo la identidad individual y abonando el terreno para la emergencia de nuevas subjetividades sociales e identidades colectivas.

Ambivalencias y contradicciones para el feminismo hoy, que vienen de atrás

Inmerso en este océano político, económico y cultural o ideológico, el feminismo ha lidiado con las dinámicas generadas a lo largo de las últimas décadas desde una especificidad conflictiva que no se puede o no se debería obviar. En palabras de Nancy Fraser: “Es un cruel giro del destino que el movimiento para la liberación de las mujeres se haya terminado enredando en una ‘amistad peligrosa’ con los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado”. En pleno auge del pensamiento postmoderno, las demandas políticas radicales no prosperaron mayoritariamente. Así, con el neoliberalismo vino la marginación de una crítica amplia de las diferencias de clase y de raza, de la economía política y del Estado que quedaron eclipsadas por la promesa del empoderamiento individual y de la independencia económica, como veremos. La denuncia del sexismo y de la discriminación se escindió de una crítica estructural del capitalismo en el momento preciso. Debajo de mucho de lo cultural subyace una base material que alimenta intereses concretos y relaciones de poder, políticas y económicas.

El feminismo ha logrado algunas conquistas y el discurso de la igualdad ha sido incorporado de manera creciente (otra cosa son las prácticas sociales). La subjetividad femenina ha incorporado la conciencia sobre las desigualdades entre hombres y mujeres, pero a la vez, inmersa en el sentido común neoliberal, por un lado, niega la existencia de fuerzas sociales, culturales y económicas que sustentan la desigualdad y, por otro, imbuida de individualismo, acepta la plena responsabilidad de su propio bienestar y cuidado, cada vez más supeditada a los malabarismos propios de la difícil armonía entre las dimensiones familiar-laboral, enfrentadas desde un cálculo más próximo al coste-beneficio. Con ello la desigualdad de género pasa a ser interpretada como un asunto del ámbito privado, y no como un problema estructural. Se obvian las soluciones colectivas a las injusticias sociales.
 

Algunos mitos del neoliberalismo, desde una mirada feminista

El fetichismo de la libre elección: El ideal de libre elección (que incluso llega a aparentar estar “libre” de las restricciones patriarcales) se basa en la autosuficiencia del individuo, mientras se socavan las luchas colectivas e instituciones que permiten esa autosuficiencia. Por otra parte, hay que distinguir bien los límites entre el individualismo y la reivindicación histórica de autonomía por parte de las mujeres (económica, libertad de movimiento y de acción, libertad sexual, derecho al propio cuerpo). La autonomía es una demanda legítima que apela a un derecho individual, pero que puede y debe inscribirse en un reclamo colectivo alternativo. Una supravaloración de la autonomía individual sin la dimensión colectiva tenderá a borrar y devaluar la interdependencia social y el cuidado, por ejemplo.

Ideal hegemónico de flexibilidad, innovación y creatividad o de emprendedoras individualizadas en todas las dimensiones de nuestras vidas. Como afirma Nancy Fraser: “El neoliberalismo nos viste a la mona de seda a través de una narrativa sobre el empoderamiento de las mujeres. Al invocar la crítica feminista del salario familiar para justificar la explotación, utiliza el sueño de la emancipación de las mujeres para engrasar el motor de la acumulación capitalista”. Lo cierto es que hemos asistido a lo que se denomina la doble presencia: las mujeres compatibilizan como pueden sus acceso al trabajo asalariado y su desarrollo personal en el ámbito profesional con las responsabilidades en el núcleo familiar, que permanecen intactas.

Narrativa del progreso y de la igualdad de género alcanzado: ha ocultado las diferencias entre las mujeres (los cambios socioeconómicos y el diferente impacto según los grupos sociales). La actual creciente precarización generalizada tiene como consecuencia que se produzcan aún mayores desigualdades dentro de los grupos de sexo que entre hombres y mujeres.

Por otra parte, el discurso del feminismo liberal ha impregnado el tejido social y accedido al plano institucional, suponiendo un debilitamiento del mensaje político colectivo para transformar la vida familiar y económica.

Mercantilización: Una característica central del neoliberalismo es la mercantilización de todas las esferas de la vida social. La racionalidad del mercado –el cálculo coste-beneficio– se extiende por el tejido social, las prácticas sociales y las instituciones. Ha implicado una mayor infravaloración del ámbito doméstico/no económico. La mercantilización del ámbito privado, trabajo doméstico y de cuidados, por ejemplo, ha supuesto que el interés propio de algunas mujeres pueda obtenerse a cambio de la subordinación y explotación de otras.

Condicionantes para un proyecto de futuro

Con la crisis, las imposibilidades materiales han marcado las trayectorias vitales de muchas mujeres y construido un imaginario diferente con respecto al empleo y a la maternidad. Unas ven truncadas sus carreras profesionales, otras ni siquiera lo contemplan como un escenario posible. Un mayor número de mujeres buscan empleo (con salarios inferiores y mayor precariedad) y ven constreñido el tiempo para el cuidado de hijos, que progresivamente excluido del ámbito de lo público, se ve reprivatizado y arrojado al ámbito doméstico. Cada vez es más difícil alcanzar la cohesión entre trabajo, hogar, cuidado y comunidad.

Tenemos ante nosotras el reto re-engarzar el feminismo en una crítica de la naturaleza del poder político y económico. Ningún movimiento social, y menos aún el feminismo, puede pasar por alto el asalto despiadado que ejerce el capital financiero sobre la democracia y sobre la reproducción social. Del mismo modo que toda alternativa que enfrente bajos salarios y jornadas extenuantes, deberá incluir la igualdad en el cuidado entre hombre y mujeres, también deberá incorporar el elemento central: las desigualdades entre las propias mujeres.

Sólo alcanzaremos una interpretación amplia de la compleja realidad social si acertamos a desplegar el mapa de la desigualdad en toda su extensión: el género, la “raza”, la etnia, la opción sexual siguen estructurando las relaciones sociales de formas muy diversas. Todas ellas se articulan con la clase pero tienen implicaciones distintas con respecto a la distribución de bienes sociales y simbólicos.

También deberemos estar atentas al efecto regresivo de la apropiación del discurso por parte de los sectores más conservadores, que conlleva la exaltación de la familia y los valores tradicionales. Trascender los parámetros de lo posible que delimita el relato neoliberal se plantea como gran reto ante nosotras.

Las ideas neoliberales han ido calando en nuestro entramado social mientras se afianzaban los poderes del capital y se creaban nuevos circuitos del capital global bajo su control. Lo cierto es que el neoliberalismo ha situado a las mujeres y al pensamiento feminista en una situación política distinta a la del pasado reciente. No basta con visibilizar las tendencias ocultas, tampoco con defender las conquistas del pasado. El feminismo, las mujeres y los hombres debemos recuperar el análisis y la crítica de la verdadera naturaleza del poder político y económico y plantear una agenda política radical que se fundamente en la vida real de las personas.

Todo parece indicar que se cierra un ciclo y empieza a abrirse otro, frente al que tenemos más incógnitas que certezas. ¿Contribuirá la crisis multidimensional al resquebrajamiento de ese “sentido común”? Seguramente sí, pero no sabemos si lo hará en un sentido progresivo o regresivo. Sin embargo, sí podemos mirar a nuestro pasado reciente, para intentar comprender nuestro presente un poco mejor.

Olga Abásolo, socióloga, investigadora de FUHEM Ecosocial y Jefa de Redacción de la Revista PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global.
 Puedes leer el artículo aquí.
 


http://www.lamarea.com/2014/03/07/desmontando-el-relato-neoliberal-desde-una-perspectiva-feminista/

jueves, 6 de marzo de 2014

Literatura sexista, literatura odiosa


Este artículo ilustra el mío del día 4. Lo incluyo aquí tal como prometí en ese post.

ELCOLOMBIANO.COM

Literatura odiosa Por Sonia Gómez Gómez 27/OCT/2004

Mientras el país se da golpes de pecho, se rasga las vestiduras, se asombra y se pregunta por qué crecen las cifras de violencia sexual contra los menores de 14 años, especialmente contra las niñas, nuestro Nobel y sus editores se llenan los bolsillos de plata con la"Memoria de mis putas tristes" que recrea las aventuras de un anciano que empieza su relato contando cómo "el año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen... Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible...". La novedad disponible para el antañón de marras fue, por supuesto, una virgencita de 14 años "... morena y tibia. La habían sometido a un régimen de higiene y embellecimiento que no descuidó ni el vello incipiente del pubis. Le habían rizado el cabello y tenía en las uñas de las manos y los pies un esmalte natural, pero la piel color de la melaza se veía áspera y maltratada. Los senos recién nacidos parecían todavía de un niño varón, pero se veían urgidos por una energía secreta a punto de reventar... Un tierno toro de lidia". ¿Que novelón tan parecido a la realidad? ¡Ah, pero claro! es que estamos en el mundo del realismo mágico, en el mundo de las miles de "puticas tristes" que no lo son porque les da la gana, sino, precisamente porque una cultura machista, perpetuada por la literatura, por los textos escolares, por la tradición, ha enseñado a los varones que tienen derecho a darse esos gustazos con virgencitas indefensas, con pieles ásperas y maltratadas.

Qué odiosa esa literatura que reproduce el esquema de la mujer objeto; esa literatura que se vende como pan caliente y llega a los salones de clase y se convierte en texto obligado, para que a los chicos no se les olvide que a los 20, los 40, los 80 o los 90, la sociedad les da el derecho de quitarle la ropa a una niña y violarla, sin que a nadie le importe su indefensión y su desgracia. Yo protesto contra esta literatura sexista, venga de donde viniere, así el autor de marras se llame Gabriel García Márquez, que más bien debería haberse ocupado, a estas alturas de la vida, por contarnos historias que nos den luces para salir de esta noche negra de Colombia, donde los niños, y especialmente las niñas, se han convertido en carne tierna para roedores humanos.

Yo me uno al coro de muchas mujeres que como yo estamos indignadas con la tal novela de las putas tristes, porque ya estamos cansadas de que la literatura hable de las putas que venden su cuerpo por hambre y de que guarde silencio ante los "putos'' de todas las pelambres que se acuestan con niños y niñas, no por hambre, sino por saciar sus inseguridades y por reafirmar un poder que no tienen.

¡Por Dios, señora, si es sólo ficción!, dirán algunos. Pero cito a Florence Thomas cuando escribe: "el lenguaje es el fundamento de la reproducción del sexismo; es un aparato de construcción y de representación de la realidad y por consiguiente de la acción sobre ella por medio de elaboraciones simbólicas. A través de él internalizamos ideas, imágenes, modelos sociales y concepciones de lo femenino y de lo masculino, entre otras. En este sentido no habrá ni devenir femenino, ni nuevos sujetos, si dejamos el trabajo sobre lo simbólico y sobre el lenguaje, todo ese sistema de representaciones del mundo que conforman los pilares de nuestras identidades''.

Este domingo, en el suplemento Generación, de EL COLOMBIANO, Fernando Rodríguez L., director del suplemento cultural Blanco y Negro del diario madrileño ABC, argumenta que esta novela tiene prosa de maravilla pero una historia sin fuerza, endeble, mínima y aburrida. De acuerdo, y agrego: qué bueno que a la literatura se le despegue la aguja que marca siempre hacia burdeles llenos de putas y no hacia ellos como epicentro de una tragedia social que crece con el hambre y las desigualdades.


Puedes leer el artículo aquí

martes, 4 de marzo de 2014

Sexismo, triunfalismo y el paso del cangrejo

¡Qué difícil resulta a veces considerar libertad de expresión a lo que no es sino un claro atropello a los derechos humanos! Pero el cangrejo retrocede, nunca adelanta, y eso hay que denunciarlo. Estoy hablando de libros. De dos, en concreto, escritos por, nada más y nada menos, que dos premios Nobel. Y no dos Nobel cualquiera, sino dos grandes de verdad, de esos que el mundo entero considera merecidos sin vuelta de hoja posible. Dos hombres cuya edad nos obliga a considerarlos venerables. Procedentes de países profundamente sexistas. De generaciones lejanas entre sí. Uno sigue entre nosotros, espero que por mucho tiempo, el otro nos dejó ya. Me estoy refiriendo a Yasunari Kawata y a Gabriel García Márquez, y en concreto a dos novelas cortas escritas por ellos, la segunda inspirada en la primera: La casa de las bellas durmientes y Memorias de mis putas tristes.
Es cierto que se puede (y debe) escribir de todo, que es legítimo retratar las costumbres humanas, plasmar la realidad en palabras, que eso es lo que hacen las novelas, y lo que ha hecho al género grande y perdurable en el tiempo. Pero cuando el escritor legitima una situación profundamente injusta, abusiva, cuando realiza una obra de arte, recrea magníficamente un ambiente, convierte en lírica lo que está podrido, llama amor a la esclavitud, satura de eufemismos su prosa para justificar lo inconcebible, es necesario y urgente utilizar nuestra propia libertad para poner las cosas en su sitio.
Hace años ya que leí la novela japonesa. Con la razón supe que se trataba de una auténtica obra de arte y, sin embargo, no  fui capaz de disfrutarla, sobrecogida por lo que estaba leyendo. ¡Niñas cuya vida se pone reiteradamente en peligro para satisfacer las fantasías de ancianos acaudalados! ¡Una muerte juvenil vergonzosamente justificada en el argumento!
Al autor colombiano debió estimularle tanto la realidad descrita en la novela (incluso literariamente) que, primero, escribió un relato corto, El avión de la bella durmiente, mucho más aséptico, que incluiría en Doce cuentos peregrinos. No satisfecho con esto, décadas más tarde, concibió la aberración que acabo de mencionar y que cayó en mis manos hace solo unos días.
Sí. Es lícito y deseable retratar la realidad. Incluso tomar partido por lo abyecto y darle una forma poética que lo disfrace. Pero en nuestra mano está desentrañar las claves, hablar claro, destapar el frasco para que se extiendan los malos olores, llamar a las cosas por su nombre, en una palabra, desenmascarar al artista.
Vuelvo a reconocer que las dos novelas son meritorias, la del japonés perfecta, la colombiana decae a partir de la mitad, se ve que su autor se atasca en la trama que ha urdido, que se le cae de las manos la historia. Aún así, sale airoso como el enorme profesional que es. Pero es precisamente este talento lo que enmascara la sordidez de las realidades que presentan, ese hábil punto de vista que confunde al lector, esa pasión la que altera los conceptos. Aquí no hay amor sino negocio, anulación, tráfico de seres humanos, y debemos reconocerlo con todas las letras. Hace unos pocos días asistí a una tertulia en la que se comentaban ambas obras maestras y salí escandalizada. En primer lugar porque no se me dejó hablar, ni a mí ni a las que pensaban como yo. Después porque el resto de las mujeres apoyaban –no sé si por ingenuidad o conveniencia– la generalizada postura masculina. Por último, porque ellos se regodeaban en la recreación de unas escenas que, a pesar de la belleza del lenguaje, solo pueden dar pena y asco.
Me cerraron la boca, percibí frialdad en muchos rostros, tensión, voluntad de no dejarme seguir por ese camino. Peligro de banalizar el discurso no había, mi condición de filóloga lo impide, si hubiese podido dejar las cosas claras, habría sido capaz de analizar el resto de facetas literarias más tarde. Pero consiguieron el efecto contrario: como no me dejaban hablar, convertí en una prioridad la denuncia, no era posible seguir adelante sin dejar establecidas las elementales verdades subyacentes. Vean el cuadro: una persona (yo) frustrada e intentando meter baza de principio a fin sin apenas conseguirlo, dos mujeres silenciadas por la abrumadora mayoría, apoyándome sin palabras, manifestándome su solidaridad solo al final, en privado, los hombres disfrutando de lo que su imaginación –por obra y gracia de la pluma de los dos novelistas– le brindaba, y el resto de las féminas coreándolos.
Exacto. Una auténtica vergüenza. Por cierto, ¿han leído las novelas de marras? ¿A qué esperan? Póngase a ello. No tarden.
Por mi parte, prometo analizarlas en profundidad, poner sobre el tapete sus (enormes) méritos, desglosar cada aspecto, de la mejor manera que sepa. Lo haré en el otro blog, permanezcan atentos.
(Mientras tanto, y en un post próximo, colgaré un artículo aparecido en la prensa colombiana poco tiempo después de haberse publicado Memoria de mis putas tristes. Adelanto que su opinión coincide plenamente con la mía)

domingo, 2 de marzo de 2014

Tres enfermedades derivadas del tabaquismo

Informaciones como esta, tan completas y a la vez tan simples, que todo el mundo puede entender, deberían estar a la orden del día. Por encima de intereses económicos de tabacaleras y demás está la salud humana. Lo que escuchamos no son más que verdades a medias fabricadas para cubrirse las espaldas mientras provocan la incredulidad de todo el mundo. Contadlo, por favor, pero contadlo bien. Que esto se cuente también en España, que aparezca en la prensa, en reportajes televisados, en spots publicitarios igual que los accidentes de tráfico y el cáncer de mama. ¡Basta ya de hipocresías! ¡Ya está bien!
Visita mi nuevo blog sobre la cuestión respiratoria: http://charlasconpacotella.blogspot.com
LA VERDAD DE TAMAULIPAS
02-03-2014
México, DF.- ¿A cuántos fumadores conoces? Me atrevo a decir que varios. Quizá, hasta tú misma tengas este hábito. Ahora bien, la pregunta es: ¿conoces los riesgos a los que te estás exponiendo? Si la respuesta es negativa, entonces este post te será de gran ayuda, pues en él conocerás las 3 enfermedades derivadas del tabaquismo.
#1 Enfermedades cardiovasculares
Lamentablemente, la mayor parte de los fumadores sucumben a este tipo de enfermedades. Esto se explica por el hecho de que fumar acelera el endurecimiento de las arterias y duplica -y hasta en algunos casos cuadriplica- las posibilidades de la formación de coágulos. Todos estos factores, en definitiva, convierten al fumador en una persona más vulnerable tanto a los ataques cardíacos, como a los derrames cerebrales.
#2 Cáncer
Los fumadores también son más propensos a padecer aquellas variedades de cáncer que casi no se presentan en los no fumadores, como el cáncer de pulmón, el de garganta y el de boca. Los vínculos existentes entre el tabaquismo y el cáncer son a esta altura innegables. Así lo han constatado numerosas investigaciones que han concluido, por ejemplo, que el 90% de los casos de cáncer de pulmón se debe al cigarrillo y que uno de cada 5 fumadores (aquellos que fuman más de 15 cigarros al día) morirá a causa de esta enfermedad. Por otro lado, quienes están sujetos al tabaquismo son cuatro veces más propensos de contraer cáncer de boca que un no fumador.
#3 Enfermedades pulmonares
El tabaquismo obstruye el flujo de aire y dificulta la respiración. Por estos motivos, puede desencadenar un enfisema, que supone el daño extensivo de los alvéolos y una aguda dificultad para respirar. El tabaquismo también puede generar bronquitis crónica, que implica, por su parte, padecer una tos casi continua. Estas dos condiciones suelen denominarse "enfermedades pulmonares obstructivas crónicas" (EPOC). Estas comienzan a manifestarse entre los 35 y 45 años, cuando el funcionamiento de los pulmones empieza a decaer.
Otras complicaciones
Pero esto no es todo. El tabaquismo es el responsable de muchos otros problemas. Así, fumar eleva la presión arterial y, como ya mencionamos, las posibilidades de sufrir ataques cardíacos y derrames cerebrales. También, el cigarrillo empeora el asma y neutraliza la medicación que se pueda llegar a consumir para apalear este problema respiratorio. Además, daña los dientes, las encías e incrementa las posibilidades de desarrollar úlceras.
Estas son las principales enfermedades derivadas del tabaquismo y las razones más significativas para dejar este hábito. Por tanto, si eres fumadora permite que este conocimiento te dé el impulso que necesitas para abandonar este vicio. Y, si no lo eres, deja que estas razones, simplemente, reafirmen tu postura.


Puedes leer el artículo aquí

viernes, 28 de febrero de 2014

¿La mejor campaña antitabaco?



Un video que ya tiene unos cuantos años pero sigue resultando impactante. Por supuesto, no narra como se introdujo en realidad el hábito, pero todo lo demás es exacto, muy expresivo y revelador.

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Las agudizaciones de la EPOC suponen el 10-12% de las consultas en Atención Primaria

Pues, la verdad, no sé hasta que punto los facultativos son capaces de ponerse en lugar de los pacientes. Su formación es científica, pero no demuestran mucha psicología cuando piensen que personas que están constantemente al filo del ahogo se permiten el lujo de prescindir de los inhaladores cuya función cotidiana consiste en salvarles la vida. Recordemos que hablamos de la respiración, nada menos.
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SOMOS PACIENTES

LAS AGUDIZACIONES DE LA EPOC SUPONEN EL 10-12% DE LAS CONSULTAS EN ATENCIÓN PRIMARIA

PUBLICADO EL 25 DE FEBRERO DE 2014
En torno a 1,5 millones de españoles padecen enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Una patología que causa cada año cerca de 18.000 decesos en nuestro país y cuyas agudizaciones, ya a día de hoy y según han recordado los especialistas participantes en el encuentro ‘Siente y respira’ organizado por la compañía farmacéutica Novartis, son responsables del 10-12% del total de consultas en Atención Primaria.
En consecuencia, como ha destacado el doctor Juan Antonio Trigueros, del Centro de Salud de Menasalbas (Toledo) y coordinador del encuentro, “los principales retos para el médico de Atención Primaria son, sobre todo, mejorar la prevención desde la consulta, promoviendo la lucha contra el tabaco, el diagnóstico precoz, el control de síntomas, la elección de un tratamiento adecuado y las tareas preventivas frente a las agudizaciones”.Control de la enfermedad
Por lo que respecta a los principales síntomas asociados a la enfermedad, cabe destacar la disnea y la limitación al ejercicio, pues como ha explicado el doctor Trigueros “tienen un impacto muy alto en la calidad de vida del paciente, tanto en aquellos que se encuentran en estadios leves-moderados, con una disminución de respuesta al ejercicio, hasta en los más avanzados, entre los que son más frecuentes las agudizaciones graves que empeoran su pronóstico a largo plazo”.
Y en este contexto, una vez más, debe resaltarse la importancia de la adherencia a los tratamientos para poder controlar la enfermedad.
Según el Dr. Adolfo Baloira, neumólogo del Complexo Hospitalario Provincial-Montecelo de Pontevedra (CHOP), “el paciente con EPOC debe tomar medicación durante años. Si con el tratamiento nota una mejoría en los síntomas y en su actividad diaria será mucho más fácil que cumpla con la posología. Pero de lo contrario, es probable que se desanime y lo deje. Así, todo fármaco que ofrezca un rápido alivio de los síntomas favorece, sin duda, la adherencia al tratamiento”.

lunes, 24 de febrero de 2014

Lo divino en lo humano


“… puede entenderse el claroscuro que rodea a uno de los principales argumentos lucrecianos frente al temor humano: la emancipación de los hombres con respecto a lo divino. En multitud de ocasiones Lucrecio asegura que los dioses no tienen intervención alguna en el devenir del mundo: «Al punto la naturaleza se te aparecerá libre, exenta de soberbios tiranos, obrando por sí sola, espontáneamente, sin participación de los dioses» (Libro 2, 1090-1091). Ello no le conduce, como pudiera creerse, al ateísmo, sino a la atribución de un territorio indefinido, más o menos beatífico, donde los dioses viven en la ignorancia del dolor. (…) Lejos de confirmar, mediante el exilio de los dioses, la liberación de los hombres, son estos los que aparecen como exiliados, huérfanos de cualquier fuerza que amortigüe su debilidad. Aunque veladamente, lo que el autor de De rerum natura sugiere es una verdadera ausencia de lo divino en la que resonaría, con particular dramatismo, la despedida de los dioses…”
De “Maldita perfección” – Rafael Argullol – Cap. 2 (La antorcha de la vida) Pg. 28  
Arte etrusco

sábado, 22 de febrero de 2014

M.Butterfly (1993)

 
En toda ocasión, más aún si estamos desanimados o acabamos de sufrir una catástrofe, conviene recordar que cualquier cosa que acontezca ya ha sucedido anteriormente. Y que todo ello se ha recogido en esas grandes obras míticas que, aunque no sea más que de oídas, conocemos de sobra. Ellas nos explican lo que somos, marcan un sendero –tan incierto como libre– y se van reescribiendo con el tiempo, convirtiéndose en otras (con el mismo o diferente formato) para uso de las nuevas generaciones y sin perjudicar a la que le precedió.

Puccini, por ejemplo, compuso la música de ese drama eterno titulado Madama Butterfly, ambientado en Japón y estrenado en la Scala de Milán hace poco más de un siglo. La película presenta unos perfiles más modernos. En esta ocasión, se nos traslada a la China de 1964, con la guerra de Vietnam como telón de fondo y las argucias diplomáticas del mundo occidental inmiscuyéndose en la privacidad del protagonista, un diplomático francés interpretado por Jeremy Irons. En aquella época la señora Butterfly ya pertenecía al imaginario colectivo y su historia es representada en un teatro de Pekín, donde coinciden la seductora actriz china –encarnando a la japonesa trágica– y el incauto espectador, que muy pronto caerá en sus redes. Pero la historia nunca se repite del todo, sus giros no llegan a ser circulares, forman más bien  una espiral. Se muestran ligeras variantes. O no tan ligeras, pues se plantea la cuestión de quién es, en este caso, la víctima. El personaje critica ese matiz etnocéntrico de la famosa ópera que obliga a asumir a un occidental adorado y admirado pero jamás que la bella mujer europea o americana pueda sufrir a causa del nipón de baja estatura empeñado en despreciarla. Pero esta segunda historia consigue revertir los términos en más de un sentido. Ahora el burlado no será, precisamente, la mitad oriental de la pareja y, para insinuar que el engaño es doble, se incluye una incógnita en el título.

Si nos ponemos estrictos, resulta algo increíble que, en tantos años, nadie pusiese a René Gallimard al corriente de aspectos de la dramaturgia china comúnmente conocidos, incluso por los que jamás han puesto los pies en Oriente. También que el enorme fraude haya permanecido oculto. Es cierto que han quedado testimonios, entre ellos los hechos históricos que sirvieron de base al guión, pero, teniendo en cuenta el puritanismo imperante, me atrevo a poner en tela de juicio unas afirmaciones, no por categóricas, menos improbables. Aunque lo de menos es si el argumento tiene una base real, se asegura que sí, pero para mí no tiene ninguna importancia. Me interesa mucho más la pervivencia en el inconsciente colectivo de ciertas leyendas que conservan su esencia por encima de alteraciones y dan razón de nosotros mismos, probablemente mejor que muchos sesudos tratados. No hay que tomar la trama al pie de la letra porque lo que importa son los arquetipos, la trayectoria humana, el juego de roles, la indefensión del individuo ante la avasalladora fuerza colectiva, lo inesperado y su propia (y colosal) pasión.
 
No cambiamos y, salvo que suframos una mutación y nos convirtamos en otra especie, no cambiaremos nunca. Intereses políticos y amor, intrigas y erotismo, espionaje y arte, estratagemas para engañar y atavíos que conquistan, oscuros parentescos e incontestables atracciones. Todo ello bien mezclado y aderezado compondrá los entresijos de un drama eterno, el del amor no correspondido, el del ser incapaz de aceptarse al otro lado del desprecio o la traición. En este caso, es un destino trágico quien reclama el derecho a someter al protagonista.

La formidable estatura actoral de Irons secunda firmemente los avatares que atraviesa Gallimard, por muy incoherentes, o anacrónicos, o melodramáticos o inverosímiles que puedan parecernos. El enigmático individuo que encarna Shizuko Hoshi no pierde en ningún momento su proverbial hermetismo oriental, que evidencia hasta en el menor de sus gestos y le sirve para ocultar tanto sus verdaderos sentimientos como el nivel de su integridad ética.  

Es este un film de varones, la única mujer que vemos de cerca encarna a las no deseables de ese imaginarium masculino tan identificable como implícito. Una persona de edad, inteligente, observadora, que accede a tener una aventura con el torturado Gallimard solo para convertirse en un símbolo nefasto. Ella es el único desnudo en el que se detiene la cámara. La idealización siempre está vestida, la impudicia es mujer y es decadente. En el fondo, en esa alternativa entre imaginación y realidad, el protagonista se inclina por el engaño y el misterio. Y, sin embargo, existe algo de universal en esta parábola pues, sin llegar a esos extremos, en todo juego amoroso, hay algo de simulación que contribuye a alimentar la llama. Siempre nos enamoramos del misterio, pero queda una zona independiente a quien no atrapa ese idealismo sin cortapisas; si todos nos dejamos engañar hasta cierto punto, una ilusión que dura tantos años, esa seguridad, esa firmeza con que Gallimard acepta la versión de la persona amada, probablemente indique alguna patología mental.

Las dos imágenes con que se cierra la película no pueden ser más expresivas: la tragedia es grotesca y oscura mientras la indiferencia viaja en un aséptico avión.

* Año: 1993

* Duración: 101 min.

* País: Canadá

* Director: David Cronenbert

* Guión: David Henry Hwang

* Música: Howard Shore

* Fotografía: Peter Suschitzky

* Reparto: Jeremy Irons, John Lone, Barbara Sukowa, Ian Richardson, Annabel Leventon, Shizuko Hoshi, Richard McMillan, Vernon Dobtcheff

* Género: Drama
 

jueves, 20 de febrero de 2014

Mi futuro entre plumas

El hombre de la visera permaneció recostado junto a la ventanilla del compartimento, con el loro posado en su hombro, durante los tres cuartos de hora que duró nuestro trayecto.
 
Cuando el tren paró y empezamos a recoger el equipaje, él no movió un músculo. Ricardo lo miró con aprensión, pero no tuvimos certeza de lo que pasaba hasta que el revisor, apartando maletas y bártulos, sujetó la puerta acristalada para franquearnos el acceso al pasillo y le tocó en el hombro con la intención de despertarle. El cuerpo se derrumbó con un estruendo enorme mientras el animal revoloteaba por la estancia lanzando alaridos. Creímos entender que repetía “su seguro servidor”, pero el tono era, sin duda, de pánico.
 
Finalmente, acabamos arrestados los tres. Según parece, el loro atesoraba pruebas preciosas que facilitarían la captura del culpable. En cuanto a nosotros, sin haber hecho  esfuerzo ninguno, adquirimos el exclusivo –aunque dudoso– honor de la sospecha.
Vincent Van Gogh -  Viaducto en Arles  (1888)
Admito que me invadió el miedo. Ni siquiera siendo inocente se encuentra uno a salvo de la cárcel. O quién sabe de qué más. La pena de muerte continuaba en vigor por entonces y ni mi marido ni yo hemos sido nunca demasiado hábiles en demostrar que no mentimos.
 
Nos sometieron a un interrogatorio exhaustivo en el que nuestras respuestas sonaron muy poco convincentes. No habíamos visto a nadie. Aquel desgraciado nunca se movió. Tampoco el loro. Incluso habíamos echado una cabezada.
 
-¿En solo cuarenta y cinco minutos han tenido ustedes tiempo de dormirse?
 
Hasta el menor detalle parecía delatarnos. Nadie nos creyó. Confiábamos en la autopsia, en las pruebas de ADN, en los registros que habían efectuado al resto de los ocupantes del tren. Hasta en el loro confiábamos. Sin embargo, tras una noche en el calabozo, incluso nosotros mismos comenzamos a dudar de nuestra historia.