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martes, 31 de diciembre de 2024

Mis lecturas de 2024

 Este año y el anterior he leído mucho menos que de costumbre, a ver si en el que empieza vuelvo a los buenos hábitos. Dejo aquí mis valoraciones por orden cronológico:

* Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez ................................................9.5

* Dientes rojos, de Jesús Cañadas ..................................................................... Abandonado

* Fortuna, de Hernán Díaz .................................................................................9.5

* De bestias y aves, de Pilar Abdón .................................................................. 4

* En la boca del lobo, de Elvira Lindo ............................................................. 6.5



* La ternera, de Aurora Freijo Corbeira ........................................................... 8

* La muerte en sus manos, de Otessa Moshfegh ............................................. 5

* Música acuática, de T. C. Boyle ................................................................... 7

* La llamada, de Leila Guerriero ................................................................... Abandonado

* Pensilvania, de Juan Aparicio Belmonte .................................................... Abandonado

* Un detalle menor, de Adanía Shibli .......................................................... 7.5

* Rinconete y Cortadillo, de Miguel de Cervantes ..................................... 10

* La juguetería errante, de Edmund Crispin ............................................... 5

* Una historia romántica, de Antonio Scurati ............................................ Abandonado

* Ética para inversores, de Petros Markaris ............................................... Abandonado

* El asesino dentro de mí, de Jim Thompson ........................................... 7

* Diario de un hombre superfluo, de Iván Sergueevich Turguenev ,,,,,,,, 9

* La vegetariana, de Han Kang ............................................................... En proceso

* El parque de los perros, de Sofi Oksanen ............................................ En proceso

martes, 23 de abril de 2024

El dios que llora (Relato fantástico)


Yo viajé con Hernán Cortés. Sí, palabra de honor. A los 19 años presencié la conquista de Méjico. ¿Que no parezco tan viejo? Pues joven no soy, pero quinientos y pico años tampoco tengo, eso seguro. Todo tiene su explicación. Y os la voy a dar para que no me toméis por mentiroso.

Me llamo Baltasar. No me miréis así, yo no tengo la culpa. Me pusieron el nombre del día (uno de ellos) según la tradición familiar, pero ni tengo delirios de grandeza ni me estoy inventando nada. En aquella época no era más que un chaval, al que le entusiasmaba leer, que se quedó encerrado en la biblioteca de la facultad un fin de semana entero, de viernes a lunes. El dios de la lluvia lloraba sobre Méjico y yo no podía soltar el libro de las manos. ¿Que cómo me las arreglé para no morirme de hambre? Ese es el secreto que he tenido bien guardado hasta ahora: no pude abrir la puerta del bar por más que lo intenté, pero sí viajar en el tiempo, conocer a un puñado de amigos y atiborrarme de comida.

La magia se produjo a causa de mis lágrimas. Lloraba de hambre, de desesperación, de frío. No niego que de miedo también un poco. A medianoche me entró la tiritona y busqué algo para abrigarme. Encontré un chaquetón colgado de una percha, me envolví en él y seguí leyendo sin dejar de llorar. Casi no me atrevía a pasar las páginas del libro por temor  a salpicarlo de lágrimas y mocos. Las letras me parecían borrosas, como reflejadas en el agua. La mesa se estaba convirtiendo en un gran estanque azul y la mancha blanca de las hojas parecía una armadura brillante. La armadura de plata movía los brazos y caminaba hacia mí, que estaba sentado en la arena, fascinado por esa figura que surgía de lo más profundo.

Lo siguiente que recuerdo es la música y el baile. Me rodeaba una multitud y yo cogía unos exquisitos pasteles de miel de un cuenco que alguien me había puesto en el regazo. Un hombre canoso se acercó y me preguntó algo que no entendí, luego se puso a dar vueltas alrededor de los bailarines, todos muy jóvenes, que sostenían una larga cuerda adornada con flores. A un lado estaban las chicas, vestidas de blanco y adornadas con plumas de colores. Tanto ellas como ellos llevaban la antorcha en una mano y con la otra sujetaban la de su pareja. Honraban a la diosa Xilonen y estaban todos muy borrachos.

La hoguera se apagó, pero yo ya había entrado en calor y había comido. La gente se fue retirando a sus casas y yo me quedé dormido en la tienda de los guerreros, donde nadie podía molestarme. Cuando el sol me deslumbro abrí los ojos, aparté la cortina que cubría la entrada y pude ver el mar, el ajetreo de los barcos y a la multitud que se había acercado hasta el puerto para contemplar a los que partían o llegaban. Había centenares de fardos apilados en el muelle, vendedores que voceaban para atraer a la clientela y escribanos que registraban las mercancías que iban llegando. Me abordo un caballero vestido con jubón de cuero y capa de terciopelo, que se adornaba con un collar de piedras granate. Me dio la mano y me invito pasear por el poblado, pero enseguida apareció un oficial con noticias del gobernador y yo me senté a mirar la actuación de unos cómicos que habían levantado un armazón en la plaza y deleitaban al público con sus piruetas. Cuando el espectáculo acabó, montaron una larga mesa con tablas colocadas sobre piedras y la rodearon de bancos de madera donde nos sentamos a comer sopa caliente y pavo asado servido en fuente de plata. El encargado de trincharlo puso un trozo en mi mano, luego trajeron dulces y todos aplaudieron.

Meses más tarde, por fin había acabado la sequía. Sacrificios y ofrendas hicieron su efecto y Tatloc se apiadó de los humanos. Envuelto en vapor para ocultar su cabeza de ocelote, comunicó a sus descendientes que sus lágrimas caerían sobre Méjico, ahora que todos partían hacia otro lugar. Cortés cabalgaba a través del bosque renegando de aquellos cuentos sin pies ni cabeza, meras supersticiones de seres primitivos. Hasta que gruesas gotas de lluvia comenzaron a golpearle el rostro con fuerza. Solo entonces se convenció de que lo que le habían contado era verdad.

Tiré suavemente de las bridas y mi caballo dejó de trotar, no necesitaba guiarle pues conocía el camino de sobra. A la puesta de sol presencié una batalla a lo lejos, se oía retumbar de cañones pero apenas podía ver nada debido a la humareda que lo envolvía todo. Aún no había acabado el espectáculo cuando alguien tocó mi hombro y se hizo la luz en la biblioteca. Me había encontrado el bedel cuando entró para abrir las persianas y ahora tenía enfrente al  jefe de estudios que no estaba precisamente contento.

- Vete a casa, desayuna, date una buena ducha y luego ven a mi despacho. Tú y yo tenemos que hablar.

Y ahí acabó mi aventura en Méjico. El dios de la lluvia lloró sobre esas tierras, pero mi berrinche fue mucho mayor cuando me enteré de que había sido expulsado por todo lo que quedaba de curso.

 

Inspirado en El dios de la lluvia llora sobre México, de László Passuth

viernes, 30 de diciembre de 2022

Mis lecturas de 2022


2

“El mercenario que coleccionaba obras de arte”, de Wendy Guerra

 

2,5

“Un trastorno propio de este país” de Ken Kalfus

“Todo lo que no se puede decir”, de Cristina Peri Rossi

“Las niñas prodigio”, de Sabina Urraca

“Selene y los cuatro elementos”, de Lucía Etxebarria

“La humanización de la era digital” de Jesús Briones Delgado

“Hacia el sur” de Virginia Woolf

“Cada cual y lo extraño” de Felipe Benítez Reyes


3

"La bajamar", de Aroa Moreno Durán

"Tiempos oscuros", de John Connolly

 

3,5

“Paraíso”, de Abdulrazak Gurnah

“Fuerzas especiales”, de Diamela Eltit

“La casa del padre”, de Karmele Jaio

"La cena", de Herman Koch

"Un tiempo nuevo", de Elizabeth Jane Howard


4

“Los desorientados” de Amin Maalouf

“Un montón de migajas”, de Elena Gorokhova

“La revuelta de las putas”, de Amelia Tiganus

“Las fiebres de la memoria”, de Gioconda Belli

"El tren de la última noche", de Dacia Maraini

“Natacha”, de Luisa Carnés

"En la orilla" de Abdulrazajk Gurnah

"Un jinete en el cielo", de Ambrose Bierce

 

4,5

“Kruso”, de Lutz Seiler

"Vida y época de Michael K." de Joseph M. Coetzee

 

5

“La lengua salvada”, de Elias Canetti

“La decadencia de Nerón Golden”, de Salman Rushdie

“El desertor”, de Siegfried Lenz

 

sábado, 21 de marzo de 2020

21 de marzo DÍA DE LA POESÍA


DE "NATURALEZA VIVA CON SOMBRERO HONGO" - 2ª PARTE EDICIONES ATENAS, 2007 - BARCELONA

SER TRANSEUNTE

Y ellos, en lo antiguo,
al andar, encendían mechas de sangre intensa,
azules y esmeraldas hebras en el corpiño
de carne terrenal. Eran hombres de rafia,
la seda en las mujeres. Vivir pausado y árido
de vértigos oblicuos.
  
Las órbitas angélicas han quedado a trasmano.
Cada vuelo espacial
nos aleja del cosmos. Pinchamos y ese líquido
tan reacio a mostrarse, estancado en las venas,
sin fuerza, vengativo, en su ser, claudicando de todo movimiento
se tiñe de gris pálido, próximo a lo incoloro.

Más que creaturas de un dios hipotecado,
antes que siervos que cumplen un destino, ciudadanos
repletos de impuestos, santos, reyes, sombra de cañón, perplejos
o terrícolas, hoy se es transeúnte.

Pasea el transeúnte por los cables eléctricos,
se instala en la pared de ladrillo del planeta,
come plancton, arena de Saturno, bosteza, se resigna,
un topo viene a roer sus talones sombríos,
puntual como engranaje que oculta el universo,
los jueves a las doce.

ENDOSFERA

 Ronco de oro, fugaz metal. El exceso. La tierra lo arroja
y se recoge.
Profusión de sones que el aire desparrama.
Bruñido de cobre, expuesto en la empalizada de los astros.
Procesión de mil escorpiones en hilera. No duerme la luz que el ojo adora.
Van sucediéndose las estaciones
del año, del metro, de nuestros vía crucis.
En cada gota el día se refleja, refulge.
Flor de fulgores.
Esencia que genera conchas de tortuga.
Un campo de arroz reposando bajo el amanecer de madera labrada.
Plata visceral, cuna de la carne.
Vértigo abismado en las tormentas.
Un horizonte alarga la mano del ánima que purga
su culpa imaginaria.
Nace del magma interno y se sumerge
sin más que la avaricia de inquietarnos.

EL VIAJE
Por un murciélago de uñas carnicera arrebatados, surgiendo del vacío.
Perdida la brújula estelar, igual que sombras blancas.
No hay destino que acucie si la revancha no se vanagloria.
Ir para volver con o sin objeto.
Instalarse en esas olas, a lomos del salvaje asombro. Oscilando
a lo largo de un túnel vacío de túneles: venas secas de un ser majestuoso.
O suspendidos de briznas de hidrógeno con todos los dedos derramados a un
                        lado y otro del vértigo de siembra en las provincias terrestres.

Apartan la niebla húmeda y un aroma a flor quemada y seca
palpita junto a ellos. Siempre más allá. Una barrera
lírica. Al otro lado
la perezosa inminencia del desastre.
  
LA OTRA PROFECÍA

       A aquellos que buscamos el diamante escondido
y las algas del mar nos parecen de plata,
a todos los que alumbráis, como yo,
con antorchas,
y no dejáis al fuego apagarse en la noche
ni abrasarse las sábanas o parar de encenderse,
volviéndose apagado, opaco, incierto, oscuro.
       Todo aquél que camine de espaldas al final,
que le pida al destino dos ojos de repuesto
para ver por la nuca,
aquellos que no pueden
perder de vista el punto desde el cual partirían
la mañana primera.
       Aquél o aquella que hablan en la palestra pública
erguidos bajo el toldo,
encaramados siempre a alguna plataforma
para escupir o ahogarse
en su vaho de suspiros.
Toda campana muda, ausente de badajo,
impedida de música,
llorando por sus sones;
o el animal perdido por los campos resecos
que chasquea la lengua durante todo el día
esperando ese rayo, la chispa que provoque
la tormenta esperada
que remoje el gaznate
y aleje, por un tiempo, la sombra de la muerte que sobre él se cernía.
       No os prometo lo que nadie a mí me ha prometido.
Ni dioses, paraísos o vidas eternales.
No os descubro un paraje
si os digo que no hay más,
que lo habéis visto todo.
No esperéis que cambie la materia,
que otra luz alumbre seres de otra calaña,
que os invada la dicha después de haber vivido.
       Ya visteis lo que hay,
pero os falta, seguro, contemplarlo por dentro,
desde todos los lados,
porque cada elemento de este mundo terrestre
puede transformarse, mostrar nueva apariencia,
conforme el ojo mire,
según la perspectiva.

HASTA EL LÍMITE

Aparecieron mar adentro
innumerables, oscilantes peces blancos,
animales de plata, seres deformes, caños grises de culebrear arduo
dejándose llevar por la corriente.

Bajo un inhóspito arroyo de cieno espeso
de más de mil kilómetros de largo
aparecían abatidos
en su metalizado encanto gris,
queriendo surgir de las aguas, ver el cielo,
atrapados bajo el manto pestífero
que, entre dos aguas, corría y corría y corría, rumbo a oriente,
como el astro que anuncia el nacimiento del dios muerte.
Naciente el año cero
la era de las nocturnidades ahora se anunciaba.

El ángel vagabundo decía profetizar
la caída de estalactitas de nitrógeno fatal
sobre Estocolmo.
Un ciego usaba la bufanda de sus ojos
para estrangularse con ella acuclillado junto a un cubo de basura.

No venía nadie.
La calle era una bañera vacía
donde los peces muertos se habían refugiado
buscando sosiego inútilmente
y las gentes habían huido a otro lugar,
al lado opuesto de todas las fronteras.
La gran peste amenazaba ya.

El siglo del hambre de los peces comenzaba.
Un pez comiéndose a otro, devorado a su vez
por el esperma inmenso que asola los océanos.
El dolor cabalga a lomos de las aguas
y los gritos no cesan de sonar
aunque callen las gargantas, ya muertas para siempre.

Alguien quiere penetrar en las fauces abiertas
de un monstruo vegetal
y quedar atrapado entre sus dientes,
horadado por garfios gigantescos,
ausentes de piedad, antes que perecer atrapado
entre miasmas de órganos podridos,
cadáveres pulverizados
que entran en las gargantas de los peces,
asfixian a los peces
y siembran un desierto de espinas
en medio de la calle.

 EL SIGLO ACABA YA, Y SIN EMBARGO ...

Sueño interminable.
En la luz lechosa del amanecer empapado de lluvia,
impregnado de “smog”.
Esqueletos tendidos a secar a la luna.
Sin desgranar letanías, (arrodillados, con los brazos en cruz)
a los aviones.
Ves en el sueño a un albañil.
En Bolivia lo ves.
Pero soñoliento, desperezándose
Aunque no haya zanja que asegurar con cadáveres de hombre.
Fetos momificados de llama, no más.
Y así estamos. Nunca a salvo.
Haciendo guiños a todos los focos que sujetan las noches
En la hora que apaga el vagabundo la linterna,
apurando el último resto del borde de una consumida colilla,
y da un traspiés.
No se oirá hip, ca, zu.
Tras una sucesión de sonidos blancos se estrecha
la espiral. Un lienzo sin color oprime cada ojo.
Con dolor, con fuerza.
Dice “Horr...”, “Ag”. Dice: “Fuego”
Mas el asesino de los siete funámbulos gemelos no arde.
Es de esos que sollozan un mes y otro
encima del vientre de una llama grávida.

No salvaré a tus hijos.
Para cada sueño existe un antídoto común.
Y eso es todo.

VASOS COMUNICÁNDOSE
Asomarse al último punto de la tierra.
Un mar bravío espumea abajo.
Tanto podría ser  féretro como lecho acogedor:  un vaso.
Sabido es que lo vasos que así se comunican con otros
océanos terrestres
se igualan en altura y contenido.
Lleno está éste de guerra.
Plagas. Dolor.
¿Qué contendrá el que ve ese hombre ahora?.
Sí, aquél que se acobarda con el viento.
Hace días que está observando el líquido.
Ese turbio, oscilante licor
que se derrama.

lunes, 1 de enero de 2018

Leido en 2017

FICCIÓN
La vorágine de José Eustasio Rivera 10
No ha lugar a proceder de Claudio Magris 10
Sonata de primavera de Ramón de Valle Inclán 9
El velo pintado de William Somerset Maugham 9
El hombre sin atributos de Robert Musil 9
Nudo de víboras de François Mauriac 9
Las diez y media de una noche de verano de Marguerite Duras 8
The Taqwacores de Michael Muhammad Knight 8
El hospital de la transfiguración de Stanislaw Lem 8
San Manuel Bueno Mártir de Miguel de Unamuno 8
Dos años, ocho meses y veintiocho noches de Salman Rushdie 7
La flor púrpura de Chimamanda Ngozi Adichie 7
Una tarde de Mr. Andesmas de Marguerite Duras 7
La música del azar de Paul Auster 7
Brújula de Mathias Enard 7
Boy, Snow, Bird de Helen Oyeyemi 7
Laura de Vera Kaspary 6
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Esperando a mister Bojangles de Olivier Bourdeaut 6
La tercera virgen de Fred Vargas 6
Las doce sillas de Ilf y Petrov 6
En la turba de Laurent Mauvignier 5
Efecto dominó de Olivier Norek 5
La hija del coronel de Martín Casariego 4
Una noche de invierno de Laura Kasischke 3
Cáscara de nuez de Ian McEwan 3

NO FICCIÓN
Colapso de Jared Diamond 10
El alma de las marionetas de John Gray 9
¿Y los pobres sufren lo que deben? de Yanis Varoufakis 8
Mi vida en la carretera de Gloria Steinem 7
La España vacía de Sergio del Molino 7
Contra el fanatismo de Amos Oz 6

martes, 20 de diciembre de 2016

Leído en 2016



NOVELA:
-         La tierra que pisamos – Jesús Carrasco 7
-         El rumor del oleaje – Yukio Mishima 7
-         Las chicas – Emma Cline 3
-         Los versos satánicos – Salman Rushdie 9
-         Zona – Mathias Enard 9
-         Farenheit 451 – Ray Bradbury 5
-         Meridiano de sangre – Cormac McCarthy 10
-         El origen. Una indicación – Thomas Bernhard 8
-         Un detective en Babilonia – Richard Brautigan 5
-         Familia – Ba Jin 6
-         El perfeccionista en la cocina – Julian Barnes 4
-         Brújula – Mathias Enard 9
-         La muerte bebe en vaso largo – Manuel Vicent 6
-         Las lanzas coloradas – Arturo Uslar Pietri 8
-         La mano invisible – Isaac Rosa 6
-         El museo de la inocencia – Orhan Pamuk 8

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RELATO:
-         Crónicas del encierro – Izaskun Gracia Quintana 7
-         Mi vida querida – Alice Munro 8
-         El corazón tardío – Antonio Gala 5
-         Las aventuras de Sherlock Holmes – Arthur Conan Doyle 8
-         El ángel negro– Antonio Tabucchi 9
ENSAYO
-         No leer (artículos) – Alejandro Zambra 6
-         En defensa del error – Kathryn Schulz 10
-        La fábrica de la infelicidad – Franco Berardi (Bifo) 7
-         ¿Es usted un psicópata? – Jon Ronson 4
-         Tratado de ateología – Michel Onfray 10
-         La sociedad invisible – Daniel Innerarity 8

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