lunes, 14 de enero de 2013

Ventajas de leer despacio


Jacek Yerka - Valley Ink (2011)
Hace unos años, participé en un coloquio sobre literatura de viajes. El ponente se extrañaba de que prácticamente ninguno de los que estábamos allí fuese un verdadero asiduo del género. La mayoría disfrutábamos de toda clase de lecturas, entre las que figuraba, como por casualidad, algún libro que podría calificarse de tal, pero no podía considerársenos grandes conocedores. No voy a detenerme en aquellos encuentros, solo diré que pecaron de un exceso de documentación e información sobre obras y autores y que les que faltó algún análisis prolijo o, lo que es lo mismo, la variedad nos impidió ahondar en la materia. Cuando, en ese contexto, me preguntaron cómo interpretaba la expresión "de viajes" afirmé que toda lectura, en último término, lo es. A nuestro mentor mi observación le pareció curiosa, la examinó con interés y algo de confusión ya que jamás había considerado ese enfoque. Pero, me pregunto, ¿en qué consiste realmente el diálogo íntimo con un libro si no es en una intensa y placentera (con matices) trayectoria?
 
Jacek Yerka - Dreams (2004)
Sin llegar a aberraciones contempladas por la literatura (como la de Alonso Quijano y - la menos conocida - de Peter Kien, protagonista de Auto de Fe, la magistral obra del gran Elías Canetti), - ampliamente comentada, por ejemplo en este sitio - que,  en realidad y contra lo que pudiera parecer, constituyen un homenaje a la literatura y no una crítica, cuando nos zambullimos en esos universos de ideas e imágenes, estamos, en realidad, afrontando un reto que estimula inteligencia, sensibilidad, imaginación y hasta voluntad, que amplía horizontes y elimina prejuicios. Exactamente lo mismo que un viaje. Y todo viaje, para que sea de verdad productivo, ha de ser pausado, ofrecer la posibilidad de detenerse a husmear en costumbres, lugares y objetos, de escuchar y observar a conciencia, reposándolo el tiempo preciso para asimilar la experiencia recibida. 

Libros o lugares, tanto da. Ambos merecen detenimiento. Es absurdo recorrer con prisa espacios y páginas, pues ¿para qué hemos llegado hasta allí? Si no sabemos disfrutar de ellos es mejor quedarse en casa, no pensar ni en hacer el equipaje, no visitar la librería, no soñar...

Jacek Yerka - Dream World (2009)

No hay nada como poder reflexionar sobre la marcha, pararse para recrear una escena, retener una cantidad de información razonable, detenerse cuando llega la fatiga, incluso alejarse de la trama los momentos de mayor tensión - como es costumbre en los  telefilms - para mantener la intriga durante algún tiempo y regresar con mayor avidez si eso fuera posible.  Incluso subrayar, tomar notas a lápiz en el libro, anotar las impresiones, comentarlo con quien se pueda.

Todo eso significa leer dialogando con el texto, pues este es un lugar por recorrer pero también un amigo en quien confiar. Y no hay nadie más discreto que los libros.

sábado, 12 de enero de 2013

Charlas con Paco Tella: Tu Club de mi Comedia

(O de como el mundo entero sabe lo que me pasa mucho mejor que yo mismo)

El sábado pasado Paco fue el artista invitado en el centro cultural del barrio y el domingo repitió su actuación en el Pachuli, un club que abrieron tres franceses en los bajos de un edificio en rehabilitación y que ha estado de moda hasta hace poco. Ahora está de capa caída y todo el mundo sabe de quién es la culpa. De la crisis, sí. Desde hace ya muchos meses, los clientes de siempre entran sin pagar, los artistas trabajan gratis y el mantenimiento se ha puesto en manos de la divina providencia.

Cris me manda el vídeo por vía electrónica. Pongo en una bandeja todos los dulces que encuentro por casa y una gran jarra llena de café, coloco todo en la mesa baja y, mientras pasan trozos de la actuación de un grupo local que estuvo por la zona el verano pasado, me entretengo en mullir los cojines. La grabación es un desastre. Primero se ve un escenario borroso. Según se va acercando, la imagen se vuelve algo más nítida. Aparece Paco en primer plano inflando los carrillos y poniendo los ojos en blanco.

-          Bon soir. ¿Soir? ¿Suar?

Risas contenidas.

La cámara se aleja, Paco se encoje de hombros y empieza a pasear de un extremo a otro. Ignora a los espectadores, parece estar concentrado en sí mismo. No se oye un suspiro. Cuando llega al punto de partida, se para de repente, da un cuarto de vuelta y se queda mirando al público.

-          Soy un tipo incomprendido – exclama. – ¿Saben por qué? Todos se creen que tienen que darme lecciones. Cuando iba al cole había un profesor... - se pone bizco - No, no me voy a ir tan lejos, a ver si los voy a perder a la vuelta de algún lustro.

Silencio. Alguna risa nerviosa al fondo.

-          Cuando mi hijo Raúl tenía tres años, lo llevamos a que viese los Reyes Magos y el coche se paró de repente. Mientras llamábamos a la grúa, al chaval se le ocurrió mearse encima, probablemente del susto. Así que, una vez acabé los trámites, me encontré cogiendo el autobús, en pleno mes de enero, con un niño empapado al que tuve que quitar los calcetines para que no se le congelasen en las piernas.  Ustedes sabrán por experiencia que si te da un vahído, aunque tengas diez personas dándote codazos, no te mira ni dios. Pero ¿han probado a subirse con un niño sin calcetines, en pleno invierno, a un autobús lleno de gente? Háganlo. Todos se sentirán obligados a informarte de que el niño que arropas bajo tu abrigo va prácticamente desnudo. Me gustaría saber que les pasa por su mente retorcida: si piensan que estás ciego, que eres tonto, que te has caído de un guindo... 

Había que ver a Paco dar vueltas a los ojos mientras agitaba rápidamente la punta de la lengua. El público se retorcía de risa

-          Disculpe, señora, no me había dado cuenta, menos mal que usted se ha fijado.

Paco toma aire, sube los hombros y baja la cabeza esperando a que cesen las risas. Me sirvo más café.

-          ¿Saben? A mí... a primera vista no se me nota, pero no respiro bien. Hablo completamente en serio. Esto me pasa porque he sido un gran fumador. A veces me dan ataques de tos en público. – Pausa – No teman, hoy ya he chupado el caramelo de menta.

Murmullos.

-          Es broma. Por lo general, necesito algo más fuerte pero si salgo de casa es que el asunto está controlado. Siempre que el ambiente no sea agresivo, como aquella vez en el metro. Alguien se había puesto un perfume carísimo, debía oler como los ángeles pero yo no podía resistirlo. Empecé a toser. Un minuto, dos, diez. No se me pasaba. Al principio intentaba aguantarme pero estaba a punto de reventar.  Había una mujer a mi lado y se creyó en el deber de darme un consejo. Es mi destino. Sí.

Pausa.

-          Me dio un susto de muerte. Estaba yo tosiendo tan tranquilo y de repente empezó a chillar como si hubiera visto una rata. "Suba el brazo, suba el brazo".

Ahora, incluso yo empiezo a reírme al mismo tiempo que el público. La voz de pito de Paco es irresistible.

-          "Suba el brazo, que suba el brazo le digo. Soy enfermera y sé perfectamente lo que tiene que hacer". Debía querer que me disculpara, o algo así, por no seguir sus instrucciones. Se-e-e-ñora que me estoy muriendo. ¿Quiere que se lo diga? Pues no puedo, cojones, tendrá que adivinarlo usted solita.

Primer plano de nuevo. Sonrisa alelada de oreja a oreja, la punta de la lengua asomando por una de las comisuras. Bizquea, no bizquea, bizquea...

-          Pongo esta cara a ver si la asusto pero cada vez la veo más enfadada. Creo que estuvo a punto de pegarme porque me ahogaba sin pedirle permiso. A ella que era enfermera. ¡A quién se le ocurre!

Deja caer los brazos y pone cara de resignación.

-          Lo que uno tiene que hacer mientras se ahoga. Ya digo, tengo muy mala suerte. Siempre encuentro alguien que sabe lo que me pasa mucho mejor que yo.

La cámara enfoca caras sonrientes. Luego a Paco mirando con atención.

-          Por fin se calló la buena mujer.

Más risas.

-          Si llego a morirme, creo que hubiera tenido que pagarle una multa.

Aplausos.

-          Y si hubiese tenido solo un poco más de aire, me hubiera gustado... tirarle de las orejas.  Las tenía muy coloradas. 

No han dejado de reír. Paco añade.

-          La pobre...

Este hombre es un humorista nato. ¡Quién lo hubiera dicho! Me sirvo un poco de leche, saco del bolsillo un caramelo de anís.



 -
-          Entro en un bar. Venimos de compras, me acerco a la barra mientras mi mujer se encarga de los paquetes. Doy un paso atrás en cuanto veo a la camarera con el frasco de detergente en una mano y el trapo en la otra, dispuesta a limpiar la vitrina. Me mira con cara de susto. Pero no un susto corriente, me mira como si estuviese a punto de atracarla. “Perdón señorita, – le explico – es que no puedo acercarme ahora porque tengo alergia a los químicos. En cuanto se seque…” “¡Ahhh! – hace un gesto de pánico, vierte medio litro de líquido en la bayeta y se pone a fregar frenéticamente. “Perdón, no lo sabía, ¿eh? Lo siento de verdad”.
          
Los espectadores escuchan con una sonrisa.

-          A esas alturas, – sigue diciendo Paco – yo he retrocedido hasta la mesa, bien alejado del chorro asesino, y mi mujer ha tomado el relevo. En cuanto se sienta en el taburete, la chica vuelve a disculparse. "En serio, no tenía ni idea ¿eh?"

Parece que lo estamos viendo. Paco, convertido en camarera, sostiene con una mano un recipiente imaginario mientras con la otra frota concienzudamente el aire.

-          La muy mema sacude el bote sobre la repisa extendiendo otro chorro generoso. Si no me retiro a tiempo, estaría ya en el otro barrio. “Tranquila, usted no se preocupe”, replica mi mujer, pero no puede evitar mirarla con lástima infinita, mientras la otra sigue arrojando líquido por todas las esquinas que tiene a su alcance. Si continúa con su furia higiénica, vamos a tener que huir de allí.

¿Que no lo sabías? Naturalmente, – pienso, pero me callo porque si no voy a acabar asesinándola  si tuvieras poderes paranormales no estarías vendiendo bocadillos. Y ahora que lo sabes ¿qué pretendes? ¿Acabar conmigo? Sé que es mucho pedir, pero la vida sería mucho más fácil si escuchásemos lo que nos dice el que tenemos enfrente.

Vuelven a aplaudir El público está entregado, con ganas de que vuelva a hacer el payaso pero atento a la historia. Veo caras serias, llenas de simpatía cuando la cámara hace otro barrido general.

-          Y entonces, a pesar de mi mala suerte, un día se me ocurre coger un taxi. Los taxis son veneno para mí, tienen una atmósfera de por sí cargadita, con restos de tabaco sí o sí, de eso no se libra ninguno. Para acabar de liar la cosa, le añaden ambientador creyendo que así se nota menos y terminan de rematar la faena. Lo peor de todo es que nos dirigíamos a un pueblo al que solo se puede acceder por autopista. Ese día iba solo. "Haga el favor de dar un rodeo – le pido al hombre – para que no tengamos que atravesar el túnel. Es que tengo un problema de bronquios y me ahogo, ¿sabe?". El otro, sin inmutarse, suelta lo siguiente: "A usted no le pasa nada en los bronquios, lo que tiene es claustrofobia" Y se queda tan pancho.

He comprendido hace rato que se está escenificando un mitin.  Paco no interpreta: lo vive. Pone una expresión tan cómica, de desesperación infinita… Se escuchan risotadas inquietas.

-          Ya que se mete en camisa de once varas, le hago un resumen de la situación. "Señor, a   mí quien me trata es el neumólogo porque lo que tengo está en los pulmones, si fuera claustrofóbico tendría que visitar al psiquiatra."

Ya se me han olvidado los pasteles, el café, que se ha quedado frío, y casi no sé ni dónde estoy. Veo en primera fila varias bocas abiertas, como si temiesen perder el hilo al cerrarlas.

-          Y entonces – continúa Paco – el fulano se pone chulo y me larga: "Y a mí qué me cuenta. Yo no soy médico". "Acabáramos, le digo, creí que se había doctorado en todas las especialidades y que además era una eminencia. Como ha diagnosticado sin mirarme...”

Aplausos solidarios. Lo que cuenta Paco es cada vez más grave, la gente lo nota y le apoya sin reservas. Eso se ve. 

-          Pero escuchen, ahora viene lo mejor. Resulta que el tipo tenía salida para todo. "Es que mi mujer la tiene. La claustrofobia, digo. Y no pasa nada por eso".

Paco sacude los brazos por encima de su hombro derecho como si estuviera lanzando al taxi por los aires, taxista incluido. 

-          Ahora sí que lo entiendo todo. – arruga la nariz – ¿Porque tenga claustrofobia tu mujer la tenemos que tener los demás?

Risas suaves, de alivio.

Da unos pasos hacia atrás y vuelve a su sitio, como si estuviese recordando algo  que le hace mucha gracia. Al reírse, sacude los hombros. La gente espera atenta, preguntándose por dónde irá a salir.

-          Pero lo mejor con diferencia, lo descacharrante de verdad, la rehostia, lo que se lleva el óscar al mejor guión de todos los tiempos, es lo que me pasó con la asistenta. 

Escucho enormes carcajadas mezcladas con aplausos. Creo que todavía no ha dicho nada gracioso, será para liberar la tensión.

-          Llevaba días notando que cada vez que ella pasaba por allí yo me encontraba fatal. Y, como no creo en males de ojo ni mandangas, supuse que estaba actuando por libre. "Ana Mari, le pregunto como quien no quiere la cosa, ¿ha fumado usted?” Pero la cosa tenía su miga porque el último día que vino llamamos a un médico del SAMUR y trajo una bombona de aerosoles que tuve que aguantar en la boca más de veinte minutos. Claro que lo que ella tardó en confesar fue más del doble de ese tiempo. No le pusimos el foco encima de los ojos porque en casa no tenemos, pero había un poli malo (yo, naturalmente) y un poli bueno (Cristina, mi mujer, que se va a ganar el cielo de la paciencia que tiene). Después de hostigarla sin piedad entre los dos – aunque le hemos explicado por activa y por pasiva que en casa no puede entrar ningún producto que no hayamos supervisado nosotros – confiesa que todas las semanas trae un espray de amoniaco escondido en el bolso. "Lo reconozco. He  sido yo.”

Nos da la espalda a todos y sube los hombros lentamente. Cuando se vuelve, adelanta la cabeza y extiende la mano derecha con gesto cómplice.

-          Les juro que no podíamos creerlo, era imposible que aquello estuviera pasando de verdad. Ni en mis peores pesadillas he vivido nada tan absurdo. 

Caras preocupadas. Entonces Paco parece cargarse de furia e increpa a una asistenta invisible.

-          Pero, tonta de mierda. ¿Qué pretendías? ¿Matarme?

Aplausos comprensivos. Él hace una reverencia y se queda mirando con gesto grave.

-          Muchas gracias.

Las paredes retumban de aplausos. Nadie esperaba esto pero han entendido y lo demuestran.

-          Señores, yo vivo la vida a tope. Lo malo es que mi tope está demasiado cerca, justo  aquí.

Alarga la mano y los aplausos se incrementan. Algunos se ponen de pie para aplaudir con más entusiasmo. Paco se inclina de nuevo y se cierra el telón.

La pantalla queda a oscuras. Recojo la mesa moviéndome como una sonámbula. Siento que floto, como si acabase de salir de un sueño muy largo.


Visita mi nuevo blog sobre la cuestión respiratoria: http://charlasconpacotella.blogspot.com

jueves, 10 de enero de 2013

Gobierno y tabaco: Sirviendo a dios y al diablo

No se puede tener todo. Un gobierno - de cualquier signo - que impulsa la economía beneficiando un producto cuya nocividad está más que comprobada en lugar de molestarse en buscar otras fuentes de riqueza adopta una actitud cómoda que estamos pagando todos muy caro. No solo en muertes, también en dinero y sufrimiento. Las larguísimas enfermedades crónicas que produce suponen un desembolso para el estado cuya enormidad pocos imaginan. Patologías coronarias, cánceres, enfisema, problemas pulmonares diversos  - durante los cuales el enfermo, aunque tenga edad para trabajar, ha de vivir de una pensión de invalidez, produciendo gastos en  farmacia, en oxígeno docmiciliario etc. durante largos años - no salen a la luz porque no conviene que salgan y pasan desapercibidos para la mayoría de la gente.


Hoy.es - NOTICIAS DE EXTREMADURA
REGIONAL
PP y PSOE se unen en el Congreso para apoyar el tabaco

Firman una propuesta no de ley para que el Gobierno busque aliados en el seno de la Unión Europea
22.12.12   00.17    AGENCIAS / MADRID


PSOE, PP, CC y UPN han rubricado una proposición no de ley (PNL) conjunta sobre medidas de apoyo al sector tabaquero frente a la revisión de la Directiva Europea sobre productos del tabaco 2001/37 CE, donde manifiestan su preocupación por las consecuencias negativas de esta para Extremadura o Canarias.
La PNL denuncia que algunos de los planteamientos de la directiva «pueden acarrear indeseadas consecuencias negativas» para la economía española y las regiones donde el cultivo es un sector «estratégico».
Esta iniciativa será debatida próximamente en la Comisión de Agricultura del Congreso, según informó el Grupo Parlamentario Socialista en un comunicado.
Los grupos parlamentarios abogan en su PNL por que el Congreso de los Diputados inste al Gobierno a apoyar el funcionamiento de la Comisión interministerial coordinada por la Secretaría para la Unión Europea (UE) del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación «de cara a definir la posición del Gobierno español sobre la Directiva y aunar los diversos intereses de las partes afectadas».
Además, animan al Ejecutivo a buscar alianzas con otros países de la UE para que las reformas anunciadas por la Comisión se hagan «de manera consensuada» con los agentes económicos y sociales afectados. En todo caso, exigen que no afecten a la competitividad del sector y su capacidad para generar y mantener los puestos de trabajo en varias regiones de España, especialmente en Extremadura y Canarias donde el tabaco «es un sector de vital importancia económica y gran arraigo social».

Hablaba antes de gastos y sufrimiento. En la noticia que aparece a a continuación se explica con toda claridad esta realidad terrible. ¿Cómo conciliar ambas noticias? ¿Es posible que se siga estimulando un sector económico que produce tantísimo dolor y del que, para colmo, lo que resulta, en definitiva, es una gran pérdida económica?

ABC.es
Instan a incluir medidas antitabaco en tratamientos de patologías pulmonares
07-01-2013 / 13:30 h EFE

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), con sede en Barcelona, ha editado una normativa pionera que insta a incluir el tratamiento del tabaquismo en fumadores con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) tras constatar que más de la mitad de estos enfermos continúan fumando.
El abandono del consumo del tabaco se ha demostrado como la intervención más eficaz para frenar el deterioro de la EPOC, ha reiterado la Separ en un comunicado, en el que considera "imprescindible incluir el tratamiento del tabaquismo como una parte insustituible en los programas de tratamiento integral de la EPOC".
Entre el 85 % y el 90 % de los casos de EPOC son debidos al tabaco y se calcula que entre el 15 % y el 20 % de los fumadores desarrollarán esta enfermedad, que actualmente sufren 1,5 millones de españoles y que es la cuarta causa de mortalidad en el mundo.
A pesar de que dejar de fumar es la intervención más eficaz para frenar el deterioro de la EPOC, un estudio epidemiológico en España de la Separ ha confirmado que más del 50 % de los pacientes que sufren esta enfermedad siguen fumando.
La normativa sobre Tratamiento del Tabaquismo en fumadores con EPOC editada por Separ es el primer documento científico en Europa que aborda ampliamente las estrategias tanto conductuales y psicológicas como farmacológicas para ayudar a los pacientes con EPOC a dejar de fumar, la medida con mayor coste/eficacia contra esta enfermedad.
Según la Separ, el informe anual del London Respiratory Team, publicado en enero de 2012, concluyó que en los pacientes con EPOC, el coste por año de vida ganado ajustado a la calidad que tiene el tratamiento con broncodilatadores supera los 12.300 euros; mientras que el coste de los tratamientos para dejar de fumar era tan sólo de unos 2.460 euros.
El coordinador de la nueva normativa y director del programa de Investigación Integrado de Tabaquismo en Separ, Carlos Jiménez, considera: "si tenemos en cuenta que el único tratamiento que se ha demostrado realmente eficaz para detener la EPOC es dejar de fumar mientras que otros tratamientos sólo son sintomáticos, consideramos necesario facilitar el tratamiento del tabaquismo en los fumadores con EPOC".
Mientras que los tratamientos con broncodilatadores están financiados por el Sistema Nacional de Salud en los pacientes con EPOC, los tratamientos antitabáquicos no lo están ni para este grupo de pacientes, ha denunciado el doctor Jiménez.
"Esta es una realidad de difícil comprensión y más en el actual momento de crisis económica. Los neumólogos apostamos por la financiación de tratamientos que científicamente hemos demostrado que mantienen una óptima relación coste/eficacia y éste es el caso de los tratamientos antitabáquicos en el caso de los pacientes que sufren EPOC".
Diversos estudios demuestran que los fumadores con EPOC tienen unas características específicas de su tabaquismo que los convierten en un grupo de fumadores con especiales dificultades para abandonar esta dependencia.
Entre estas características se describe el consumo de un mayor número de cigarrillos diarios que los fumadores sin EPOC y una inhalación más profunda el humo del cigarrillo.
También padecen un grado de dependencia física por la nicotina más elevado y un grado de motivación para dejar de fumar más bajo, además de que un 40 % de estos enfermos sufre depresión.
Un estudio reciente ha demostrado que hasta un 20 % de pacientes con EPOC que están ingresados en los hospitales españoles consumen tabaco.
La nueva normativa de Separ establece que el abordaje terapéutico del tabaquismo debe ser distinto en los fumadores con EPOC de reciente diagnóstico y en los fumadores que sufren una EPOC previamente diagnosticada.
El tratamiento del tabaquismo en los fumadores consiste en la combinación de terapia cognitivo-conductual (TCC) y tratamiento farmacológico.

Visita mi nuevo blog sobre la cuestión respiratoria: http://charlasconpacotella.blogspot.com
Podría añadir más argumentos pero dejaré hablar al filósofo canadiense Joseph Heath por medio de su ensayo de divulgación económica "Lucro sucio".
Normalmente lo que hace la gente es sumar todos los costes de alguna política que no les gusta, sin tener en cuenta los beneficios, y entonces la declara un gran mal social. Llamo a esto la falacia de "ten en cuenta los costes, ignora los beneficios".
Mi ejemplo favorito de eto es cuando la gente habla de los "costes" que el tabaco impone a la sociedad. Habitualmente el intrépido cruzado contra el tabaco esgrimirá cosas como el valor del salario pñrdido debido a bajas y absentismo, junto con el coste del sistema de salud pública para tratar enfermedades relacionadas con el tabaquismo como el enfisema, el cáncer de pulmón, enfermedades del corazón y distintas afecciones vasculares. Pero ignoran por completo el principio fundamental: todo el mundo tiene que morir de algo. Esto tiene consecuencias inmediatas y obvias. Alguien que no muere de algo en particular muere de otra cosa. Por tanto, todos aquellos fumadores que no mueren de cáncer de pulmón, o que no mueren de un ataque al corazón, están condenados a morir por otra causa. Cualquiera que sea esa otra causa, es probable que sea más costosa, dado que el cáncer de pulmón es normalmente intratable y el ataque al corazón es una de las formas más baratas y rápidas de morir. Una reflexión rápida sugiere que los fumadores probablemente ahorran a la "sociedad" mucho dinero.

"Lucro sucio" Joseph Heath - Ed. Taurus 2009  
Es evidente que no tiene en cuenta los larguísimos procesos crónicos de algunas enfermedades. Por lo demás, ante esta enorme falta de sensibilidad, ante la absoluta prioridad de la economía en detrimento de cualquier otro valor, me queda poco que decir. Quien está, como en este caso, a favor del tabaco no está a favor de los fumadores, no se equivoquen, está en contra. Y no los trata como a personas precisamente, sino como un valor de cambio  despreciable. Pero las palabras hablan por sí mismas.

martes, 8 de enero de 2013

Derribando mitos: La vida de Pi (Life of Pi) de Yann Martel


  
Si todavía no la habéis visto, sabed que no se trata de una película de aventuras ni fantástica ni épica aunque contenga todos sus elementos. Menos todavía una película para niños. Es mucho más, porque de la mezcla de esos ingredientes resulta una seria y profundísima reflexión ética sobre los límites de emotividad y empatía (eso que solemos llamar humanidad) del ser humano, también sobre la agresividad y la defensa del propio territorio como pauta de conducta de cualquier ser vivo, incluido el hombre.

La película es visualmente espectacular, cuajada de efectos visuales, con una técnica irreprochable en la utilización de esos efectos. Naturalmente, predomina el espectáculo. era de esperar en un producto estadounidense. No es, precisamente, la que yo hubiese rodado, pero hay que reconocer que es fiel al libro. Toda adaptación de una novela al cine ha de ser, necesariamente, una simplificación, pero esta contiene todo lo esencial. Me hubiese gustado que Ang Lee hubiese insistido más en el aspecto de la intendencia en el bote, esas escenas del día a día en que la supervivencia dependía del ingenio, aunque podemos intuirlo alguna pincelada más sobre aspectos concretos quizá hubiese sido todavía más impactante. Y, sobre todo, no hubiera dejado que la información clave pasase desapercibida. Pero, aunque esta se escurre por entre las redes de la historia, todo, absolutamente todo, está ahí.

La novela es entrañable en su primera parte, apasionante en la segunda y una patada en el estómago en la tercera. Tres partes muy diferentes entre sí que componen una historia compleja imposible de asimilar en un primer instante. Como el motivo de reflexión aparece en las últimas páginas (últimos minutos de la película) es mucho más fácil quedarse con el mensaje leído que con el visual.

Cuestiones éticas, instinto de supervivencia, selección natural. ¿Puede la religión justificar la crueldad o en esos momentos predomina el instinto y las creencias se olvidan necesariamente? Tanto libro como película parecen decirnos que la fe ha salvado a Pi. Sin embargo, nos consta que no, que es su ferocidad y su falta de sensibilidad, su habilidad en la lucha y la defensa, ignorando, bajo su aspecto frágil e inocente, el sufrimiento de los demás.  Puede que aquel episodio con el padre (cuando le obliga a contemplar cómo el tigre devora a un animal vivo en un santiamén) le abriese los ojos bastante más de lo necesario. Y, sin embargo, ¿no es mejor que al menos se haya salvado uno en lugar de sucumbir el grupo entero? Puede que no, puede que, de haber tenido Pi compasión, de haber sido más generoso, hubiesen sobrevivido al menos tres. De acuerdo, en el barco iba una hiena (el cocinero), y no era fácil salir airoso de una situación así, pero ¿qué puede hacer una pobre hiena enfrentada a un enorme tigre? Recordemos que Pi era el tigre y que, en la segunda versión de la historia, la ferocidad no parece depender del tamaño. ¿No hubiera sido más fácil librarse del cocinero-hiena para salvar a los otros de su crueldad? ¿No fue el tigre-Pi quien acabó finalmente con todos los seres (humanos, no lo olvidemos) que se refugiaron en el bote?

La cruda realidad es que Pi viajaba acompañado de dos miembros de la tripulación (la hiena y la cebra) y de su propia madre (la mona) y, de todos ellos, solo él sobrevive. No muere de hambre, no llega a caer al agua y de los otros tres no queda ni rastro. Eso, por pura lógica, solo se logra con astucia y crueldad. Su padre se lo enseña sin ser consciente de lo lejos que puede llevar una enseñanza así y él, extraordinariamente inteligente como hemos visto en la primera parte, lo asimila con todas sus consecuencias.
 
El episodio de los suricatas (o mangostas) lo interpretaría como un indicio de su capacidad de fabulación. Piscine Molitor Patel puede inventar cualquier cosa, no importa lo inverosímil que sea o lo alejada que esté de nuestra experiencia. Y puede hacerlo con total seguridad, coherencia y  convicción. Estas escenas, que se perciben como maravillosas trasladadas a cualquier otro contexto – como demuestra lo que disfruta de este episodio cualquier lector o espectador –, en el fondo no es más que la constatación de que no nos podemos fiar de sus palabras. No hay ningún otro testigo y el que tenemos es un mentiroso congénito que consigue creerse sus propias historias. "No hay que creerle una palabra", vendría a decirnos aquí Yann Martel. Aún así, alguien que se siente tan satisfecho de sí mismo, no puede evitar, ante la insistencia de los inspectores de la compañía aseguradora, hacer un alarde. Y lo hace por auténtica soberbia. Incluso pregunta si esa versión les satisface porque, de no ser así, tendría otra/otras de repuesto. Su inventiva es infinita. Esto en literatura es un don – que Martel posee a manos llenas –, pero lleva a un callejón sin salida (o directamente a la cárcel) en la vida real.

Es lógico que la compañía de seguros, ante tan descomunal descubrimiento, haga  caso omiso y se esfuerce en echar tierra al asunto. No era de su incumbencia, ellos solo querían cobrar no hacer análisis éticos y, menos aún, llevar al superviviente a juicio. Tampoco el papel del escritor - el real y el de ficción - consistía en juzgar a nadie. Él se limitó a narrar, a servir en bandeja los hechos. Lo que Martel sí podía haber hecho era haberse explicado algo más en las entrevistas. Porque parece ser que nadie ha entendido el mensaje. ¿Dónde ha quedado la capacidad crítica de lector y espectador?

Si me fascinó esta novela (película) desde el primer momento es porque provoca muchas preguntas. Pero parece que eso solo me sucede a mí. Todo el mundo cree haber recibido un regalo con todas sus piezas acabadas y bien envueltas en papel de celofán, un obsequio completo al que no hay nada que añadir. ¿Seguro?

Como veis, me hago infinidad de preguntas. Independientemente de que exista o no un más allá, un aspecto que puede plantearse pero que resulta irrelevante para comprender lo que se nos cuenta. ¿Qué es el ser humano, un monstruo sin entrañas? ¿O se trata solo de Pi? Porque el personaje afable y bonachón se derriba estrepitosamente en la última escena. ¿Merece disculpa debido a las circunstancias? Quizá sí pero para disculpar primero hay que plantear la culpa y eso lo eluden tanto los personajes de libro y película que escuchan la segunda versión del relato de Pi como el propio autor, sus entrevistadores y los comentaristas de ambos productos, el filmado y el escrito.

Lo que en ningún caso extraigo de sus páginas – tampoco de los fotogramas – es la conclusión de que un héroe, estimulado por sus (ecuménicas) creencias – aspecto este, el del ecumenismo, muy loable pero nada significativo, igual que la religión en sí misma – y, quizá, ayudado por Dios (Jehová, Yahvé, Brahma) ha salvado la vida milagrosamente. Que otros perros se traguen ese hueso.

La religión, posiblemente, le sirva de excusa. ¿Cualquier decisión que toma una persona creyente es necesariamente acertada y justa en virtud de las creencias del sujeto? ¿Puede un ser superior, infinitamente justo, inspirar la conducta de Pi? Rotundamente no. Lo afirmo y lo sostengo.

Lo que me sorprende no es el planteamiento – que me parece magnífico – ni el desarrollo de la trama, admirablemente orientado, ni el final – que le aporta todo su sentido – sino la unánime reacción, sin una voz discordante, la superficialidad de las interpretaciones que he leído, el distancia de enfoque entre lo que verdaderamente cuenta el libro y lo que todos parecen entender. Hablo de la crítica cinematográfica, posiblemente los lectores hayan profundizado mucho más.  
Acabo de releer el libro – al que llegué por primera vez hace casi una década – y he visto la película en versión original. No sé si el doblaje habrá sido fiel a la última confesión de Pi o la mayor parte se habrá quedado en el camino. En los subtítulos se explica todo, algo resumido eso sí. Es verdad – repito –  que no se calla nada, pero, comparándolo con la morosidad de la parte aventurera, lo cuenta en un santiamén. El público que no ha leído la novela y está colmado de embriagadoras imágenes no puede estar preparado para entender adecuadamente una confesión de ese calibre. Para colmo los subtítulos de los – escasamente – dos renglones de la versión perversa apenas resaltan del fondo, es el único momento de toda la película en que apenas podían leerse las letras por aparecer en blanco sobre fondo claro. ¿Casualidad? De acuerdo, no podemos decir que Ang Lee no lo haya contado todo, pero hay que dejar claro que atraviesa ese fragmento con tal celeridad que resulta imposible captarlo en toda su dimensión. El libro, aunque pasa también como de puntillas por la parte escabrosa,  se detiene algo más y, en cualquier caso, sobre lo escrito se puede volver. En cambio, para revisar las escenas filmadas hace falta ver otra vez la película, algo que, presumiblemente, la mayoría no hará nunca. Y lo siento: siempre ha sido bueno despertar.

domingo, 6 de enero de 2013

Los árboles azules 5: La intrusa

Auko se está espigando. Ha madurado desde que no vive en mi casa. Antes de convertirse en aprendiz de sombrerera, la mujer-enigma decidió vivir una temporada de incógnito, ser la sombra de otras personas, su inquilina invisible, disfrazarse de aire, ser el forro, el eco, la aventurera inocente, una soñadora, una ilusa, o bien la mujer fantasma.

Aprendió mucho, pasó momentos divertidos, pero también sintió por primera vez lo que nadie puede imaginarse, por lo menos hasta tal punto.
Modigliani - Paisaje del Midi

Pavor

Me traslada retazos de escenas. Había entrado una pareja, ella reía, arrastraban maletas, le escuchó a él mascullar algo entre dientes. Estaba en el piso de arriba, llegó hasta el fondo del pasillo, la puerta que lo limitaba estaba cerrada con llave pero… la llave estaba puesta. No tuvo más remedio que entrar, abrió sin hacer ruido y  se encontró en una estancia luminosa. Bajo un gran ventanal, un cocodrilo se movía lentamente hacia el borde del estanque, chapoteando, sin dejar de mirarla. Todavía con el pomo en la mano, sintió un temblor que la recorrió entera y la dejó clavada en el suelo pero el instinto la obligó a reaccionar, tomó aire, dio marcha atrás y logró salir en el momento que el bicho tomaba tierra. Cuestión de segundos, una eternidad, dadas las circunstancias. Auko se acuclilló junto a la puerta de la guarida para que no la distinguieran desde abajo y escuchó los alaridos de un mono. Aquella vivienda parecía una jungla, había que escapar de allí cuanto antes.

¿Un sueño? Probablemente. La imaginación de Auko es ilimitada, pero hay que recordar que  toda su vida es excepcional. O creemos todo lo que nos cuenta o rechazamos de plano la menor de sus insinuaciones. Probemos a concederle crédito. En ese caso tendremos que imaginarla siendo durante meses la sombra de los propietarios de turno. Pasaba de una habitación a otra, dormía bajo la cama de uno de los niños, pegada a la pared de un cuartucho oscuro confundida con los palos de las escobas, en la bañera incluso. Se escurría como una anguila solo con intuir la presencia de alguien, aprendió a ocultarse tras las cortinas sin que la delatase ninguna oscilación, en la cocina cogía puñados de cualquier cosa comestible y la engullía a bocados sin dejar de moverse. Una vez se colocó detrás de un mastín y el animal, cómplice ocasional suyo, se mantuvo inmóvil, ocultando su cuerpo, hasta que el dueño de la casa emigró a otro cuarto. Debía de haberlo defendido y sin embargo se alió con ella. Estoy segura de que los animales poseen un sexto sentido y este la consideró  tan inofensiva como indefensa.
 
Salvador Dalí - Mercado de esclavos con el extravío del busto de Voltaire (1940)

Cuando la imagino pegada al tronco del árbol más viejo del jardín, debajo de algún matorral o camuflada como una estatua más con la colaboración de la luna menguante, no puedo contener la risa.

Auko tenía que conocer a toda clase de gente, solo así podría desenvolverse en la verdadera jungla que la estaba esperando. Aún tuvo que viajar - como polizón, naturalmente - alejarse de los sitios que conocía e inventarse mil identidades (niñera, quiosquero, pitonisa, interventor, trapecista con un tobillo roto) antes de encontrar la suya propia.
(Continuará)

viernes, 4 de enero de 2013

Mis lecturas de 2012

A continuación muestro los títulos de lo que he ido leyendo a lo largo del año que acabamos de dejar, junto a su valoración (sobre 5), su carácter (Ficción o No Ficción)  y el año en que cada uno fue publicado originalmente. No son demasiados, me gusta leer despacio, tomar notas, comentarlos de palabra y por escrito. Pronto podréis leer una selección de reseñas de lo que vaya leyendo en 2013.

El libro de las pruebas, John Banville (1989) - 3.5 (F)
El hombre de mazapán, J. P. Donleavy (1955) - 3.5 (F)
La canción del verdugo, Norman Mailer (1979) 4.5 (F)
Coronación, José Donoso (1957) - 4.5 (F)
A sangre fría, Truman Capote (1966) - 5 (F)
El cielo de Madrid, Julio Llamazares (2005) - 2 (F)
Cartas entre un padre y un hijo. Los años de Oxford, V. S. Naipaul (1999) - 4 (NF)
Esperando a los bárbaros, J. M. Coetzee  (1980) - 4.5 (F)
El gobierno de las emociones, Victoria Camps (2011) - 4 (NF)
El mapa y el territorio, Michel Houellebecq (2010) - 4 (F)
El puño invisible, Carlos Granés (2011) - 5 (NF)
Reflejos en un ojo dorado, Carson Mc Cullers (1975) - 5 (F)
El mar, John Banville (2005) - 3 (F)
El existencialismo es un humanismo, Jean Paul Sartre (1946) - 3.5 (NF)
Después del banquete, Yukio Mishima (1960) - 4 (F)
La antorcha al oído, Elías Canetti (1980) - 4.5 (NF)
Testo Yonki, Beatriz Preciado (2008) - 4.5 (NF)
Grotesco, Natsuo Kirino (2011) - 4 (F)
Doña Oráculo, Margaret Atwood (1976) - 4 (F)
Verano, J. M. Coetzee (2009) - 3.5 (F)
Amor y basura, Ivan Klima (1986) - 4.5 (F)
Vineland, Thomas Pynchon (1990) - 5 (F)
Todas las familias felices, Carlos Fuentes (2006) - 4 (F)
La tejedora de sombras, Jorge Volpi (2012) - 1.5 (F)
En defensa de la intolerancia, Slavoj Zizek (2007) - 4 (NF)
La condición humana, André Malraux (1933) - 5 (F)
El triunfo de las ciudades, Edward Glaeser (2011) - 3 (NF)
La soledad del corredor de fondo, Alan Sillitoe (1959) - 4 (F)
La cuadratura del círculo, Gheorghe Sasarman (1994) - 4 (F)
El escarabajo, Manuel Mújica Lainez (1982) - 4.5 (F)

Sería estupendo que vosotros, esos primeros lectores que acabáis de asomaros a este recién nacido blog, estrenaseis el apartado comentarios aportando vuestras propias lecturas o expresando vuestra opinión sobre las mías. ¡Bienvenidos! y ¡adelante!

miércoles, 2 de enero de 2013

Charlas con Paco Tella: El perro


         ¿Tú en qué estás ahora, Molina? – quiere saber Cris, la mujer de Paco, que ha venido a – palabras textuales – “llevármelo a casa, ¡qué manía esta de pescar tanto!”.
        ¿Aparte de lo de siempre? Pues estoy escribiendo un cuento para una niña de mi familia que todavía no conozco. Tiene 8 meses y se llama Lu.
        No me digas que queréis enseñarle ya a leer. Si es que sois unos exagerados. Cuando os da por algo lo lleváis a unos extremos absurdos. A Paco le pasa igual.
        Mujer, es para cuando sea mayor. Aunque va a tener que crecer bastante porque creo que lo que está saliendo es un relato para jóvenes. Cuando aprenda a leer no voy a poder dárselo.
        Bueno, de aquí a entonces aún te da tiempo a escribir muchos.
        Y ¿con este qué hago?
        ¿Tiene título?
        Los árboles azules. ¿Por qué?
        Por nada. Yo que tú se lo regalaría a otro niño, dentro de quince años ¡quién sabe lo que puede pasar!
      Paco nos deja hablar mientras mete bultos en el coche. Luego me da un abrazo de despedida y se sientan de morros los dos. Ella al volante, él de copiloto con cara de ir a morder al primero que le tosa.
      Antes hemos estado en mi casa, los tres, entre azaleas, escuchando a Nacha Guevara (nos da por los tangos y la música argentina cuando nos juntamos al borde del mar) y comiendo sardinas del mercado con mucho limón. Cris y yo las hemos asado en la cocina, con la puerta bien cerrada y el extractor a tope porque la mínima brizna de humo es peligrosa para Paco. Él no quería comer, solo pescar. ¡Qué perra le ha entrado con la pesca! Si hemos conseguido convencerle de que subiera a probar las sardinas es solo porque ha tenido mala suerte: en el momento oportuno, dos chicos se han puesto en cuclillas junto a una barca de remos que habían volcado antes, han abierto unas latas de pintura y han empezado a pintarla. Paco ha tenido que soltar la caña y salir corriendo para no morir ahogado: el olor a pintura le tapona los bronquios tanto como el humo de las sardinas porque, aparte de la EPOC, padece un asma feroz. Nosotras, que habíamos acabado con lo nuestro y nos habíamos asomado a la azotea con la intención de llamarle, hemos bajado a toda prisa para recoger sus cosas antes de que alguien pudiese robárselas. Por fortuna mi rincón hoy estaba tranquilo, fuera de los chicos trabajando y un perro que correteaba de un lado a otro no había un alma.
      Pero, en cuanto ha acabado la sesión y los pintores se han marchado arrastrando su bote, Paco se ha empeñado en seguir pescando.
        Eso no le hace ningún daño y le entretiene- – sugiero a Cris sin saber muy bien si tengo o no razón,
        Pero no es plan – rezonga – lo que tiene que hacer es charlar con nosotras y, sobre todo, mucho ejercicio. No le conviene quedarse quieto, cuando está razonablemente bien tiene que moverse para compensar el tiempo que ha de pasar reposando.
        Es complicado, sí. – digo pensando en voz alta.
      No ha querido pasear con nosotras, ni siquiera buscar un mirador dónde tomar café, disfrutar de buenas vistas y sacar alguna foto. ¿Qué tendrá la pesca? Ni Cris ni yo lo sabemos, nos parece tan aburrida… Pero si hay aficionados algo ha de tener, es evidente.
      Paco y Cris han hecho las paces en el coche y luego me han llamado desde el móvil para pedirme disculpas. Se lo agradezco mucho pero estoy deseando colgar. Ahora anochece a toda prisa y yo me he empeñado en buscar al perro. No se le ve corretear. Me pareció que no tenía dueño, era bonito y gracioso, me gustaría llevármelo a la casa de las rocas, ¡sería tan feliz allí!

Visita mi nuevo blog sobre la cuestión respiratoria: http://charlasconpacotella.blogspot.com